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El 26 de abril de 1994 fallece en la Ciudad de México a la edad de 68 años el músico y compositor ocotlense Manuel Enríquez Salazar.
 
Hijo predilecto de esta ciudad por su aporte a las artes y el reconocimiento internacional que alcanzó
 
Recibió la medalla “José Clemente Orozco”, el Premio Jalisco, la presea “Elías Sourasky” y el diploma de la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música, además de ganar el Premio Nacional de Bellas Artes en 1983 y la medalla “Mozart” de la Fundación Cultural Domecq y la Embajada de Austria en México.
Entre sus obras más reconocidas están Móvil I y Rapsodia Latinoamericana, parte de su repertorio que le valió ser reconocido en escenarios de Estados Unidos, Canadá, Sudamérica y Europa. Fue impulsor del Foro Internacional de Música Nueva, serie de conciertos y recitales cuya primera edición fue en 1978 y que el año pasado estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, espacio en el que se rindió homenaje al virtuoso e ilustre ocotlense en su cuadragésima edición el año pasado en la Ciudad de México.
Talentoso desde joven, se trasladó a Guadalajara donde aprendió a tocar violín en la academia de Áurea Corona. Egresado ya como Contador de la Universidad Autónoma de Guadalajara combina su tiempo con la Orquesta Sinfónica tapatía como violinista, hasta 1955 cuando recibe una beca para estudiar en la que para muchos es la más prestigiosa escuela de música del mundo, Juilliard School of Music, en Nueva York (EU).
Regresó en 1958 para ocupar la plaza de capo de segundos violines en la Orquesta Sinfónica Nacional y en 1964 comienza su carrera como docente en las escuelas Nacional de Música, Superior de Música y Conservatorio Nacional, por lo que en 1971 recibe la beca Guggenheim, siendo ya un reconocido compositor en México.
Sus andanzas por el mundo le permitieron conocer otras figuras y personalidades tanto de la música clásica como popular, así como de la cultura y monarquía del viejo mundo, destacando su amistad con el compositor Armando Manzanero y el escritor y premio Nobel, Octavio Paz.
Por su trayectoria, enseñanzas, galardones y legado, el Maestro Manuel Enríquez es orgullo de Ocotlán.